En respuesta a Emeterio Gómez

A continuación publicamos la respuesta de Orlando Chirino a una carta enviada por Emeterio Gómez al diario El Universal de Caracas.

Por Orlando Chirino

Emeterio, a partir de declaraciones que emitiera a El Universal, en tu carta abierta me preguntas: “¿Cuál es el verdadero socialismo que yo defiendo?”. Descartándolo completamente, ya que para ti “al capitalismo no hay nada con qué sustituirlo”. Y además, me solicitas, “por piedad”, que “no use más la palabra plusvalía” ni la frase “la explotación del hombre por el hombre”, y que no siga “aferrado” a “otra noción marxista absolutamente arcaica” como “la lucha de clases”.

En primer lugar, partes de una premisa equivocada, dando por sentado que el capitalismo es indiscutible. Cuando hoy, como nunca, está claro que vive su peor crisis y decadencia generando miseria y marginación. Te doy sólo un dato, proveniente de instituciones libres de toda sospecha de comunismo. Según el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), elaborado por la Universidad de Oxford y Naciones Unidas, en el mundo hay 1.700 millones de personas, un tercio de la humanidad, por debajo de la línea de pobreza. Es decir, que viven con un dólar diario. Este simple dato refleja que el capitalismo es más miseria.

Me exhortas a que no siga aferrado a la “noción arcaica” de la “lucha de clases”. Te aclaro que no fomentamos ni propugnamos la lucha de clases. Esta existe, es un hecho de la realidad, por culpa de los capitalistas, que agreden a los trabajadores y a los pueblos destruyendo su nivel de vida. Debes estar enterado que en Grecia, en Portugal, en España y el resto del mundo hay huelgas por las rebajas de sueldos y jubilaciones. Mientras que en el mundo árabe hay revoluciones por la rebelión de millones de personas que no aceptan dictaduras y planes de ajuste. Al contrario de lo que afirmas, nosotros luchamos para que se termine la “lucha de clases”, por un país y un mundo sin desigualdad.

Por eso, lamento decepcionarte, voy a seguir denunciando la plusvalía y la explotación del hombre por el hombre. Te aclaro que no es necesario ningún curso, como me propones, para demostrar que no existen. Cualquier trabajador sabe qué son la plusvalía y la explotación, aunque no usen esas palabras. Cuando todos los días del año el patrón privado o público le escamotea el aumento salarial, no le respeta el contrato o lo quiere flexibilizar.

Vamos al tema que tanto te preocupa. ¿Cuál es el socialismo verdadero que defiendo? En primer lugar, es bueno ratificar que lo que se llama Socialismo del Siglo XXI es una farsa para sostener al capitalismo en Venezuela. Me desafías a que diga si en el socialismo que defiendo se va a respetar la propiedad privada. Nosotros defendemos el derecho de cada persona a tener una casa digna, incluso, con aire acondicionado, un carro, una nevera, un televisor o un microondas. El problema, Emeterio, es que bajo el capitalismo no se respeta esta propiedad privada. Millones de personas en Venezuela y en el mundo, por ejemplo, no son propietarios de una casa digna. Para lograr ese cambio de fondo, un verdadero gobierno socialista, dirigido por los trabajadores y el pueblo, habría que socializar los grandes resortes de la economía. En Venezuela, el petróleo debería ser 100% venezolano, sin empresas mixtas, sin multinacionales yanquis, francesas, chinas o rusas, para dedicar esos recursos para salarios y empleos dignos, educación, salud y viviendas para todos.

Ese socialismo con democracia, efectivamente, será para que decidan todos los trabajadores, los profesores como tú, Emeterio; los obreros petroleros, las enfermeras, médicos, profesionales, la juventud, los campesinos y los sectores populares, en forma asamblearia. Toda mi vida rechacé el falso socialismo burocrático de partido único en la URSS y Cuba que jamás consultó a los trabajadores y a sus pueblos.

Emeterio, estoy consciente que esta lucha no es fácil, pero ante la miseria y la degradación social y humana que nos deja el capitalismo, vale la pena seguir dando la pelea por una sociedad sin desigualdades, sin oprimidos ni opresores.

 

 

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