Estados Unidos: gran huelga docente de Chicago

Lucha de clases en el corazón del imperialismo

La huelga de 25.000 maestras y maestros de escuelas estatales en Chicago en plena campaña electoral, con un gran apoyo popular, puso en problemas al Partido Demócrata a escala nacional, que gobierna dicha ciudad.

Los docentes hicieron ocho días de huelga ejemplar, desde el 10 de septiembre, logrando la simpatía de los padres, muchos de ellos organizados en comités de apoyo, con grandes manifestaciones callejeras. La huelga enfrentó una reforma educativa neoliberal que intentó imponer el alcalde Raham Emmanuel. Este hombre es un judío sionista, ex militar del ejército de Israel, vinculado a los grandes banqueros, siendo jefe del gabinete de Obama hasta que fue electo alcalde de Chicago. Ahora, Obama lo designó para recaudar fondos entre banqueros y grandes empresarios.

La huelga tuvo su centro en defender a la escuela pública, los derechos sindicales y contra el aumento de la jornada de trabajo. Emmanuel imaginó un sistema educativo para liquidar a los sindicatos y poner a la educación bajo control de grandes empresas. Este sistema incluye una serie de pruebas standarizadas denominadas ‘high stakes tests’, para clasificar a los alumnos y así medir el “rendimiento” de los maestros. Previendo el pago a los profesores en función de los resultados de sus estudiantes, retirando a su vez el dinero de las escuelas barriales cuyos alumnos no “rindan”, de acuerdo a la prueba, y las termina cerrando para convertirlas en escuelas ‘chárter’, gestionadas por empresas privadas. Estas escuelas públicas administradas por empresarios, ya existen en Chicago y no permiten la vida sindical, castigando en los hechos a los niños pobres, que tienen más carencias, dependen de la escuela pública y rinden menos en las pruebas.

La huelga terminó con un acuerdo según el cual se anula el aumento de la jornada laboral y se cambia la prueba de evaluación (aunque no se retira).

Dos caras de la medalla

En Estados Unidos, tanto republicanos como demócratas están atacando a los sindicatos para impedir que se organice la indignación social por la crisis. El año pasado fue la gran huelga de maestros y empleados públicos en Wisconsin, contra el gobernador republicano Scott Walker. Pero el partido que tradicionalmente tiene más vínculos con los sindicatos, muchos de los cuales aportan fondos a su campaña, es el Partido Demócrata. La huelga mostró una vez más que ambos partidos tienen una política de fondo similar, aunque tengan discursos distintos.

El actual candidato republicano es Mitt Romney, un empresario mormón con base electoral en la clase media blanca, declara ingresos anuales personales por 13,7 millones de dólares y aboga por bajar los impuestos a los ricos para “crear empleos” y “apoyo al matrimonio”.

Obama va por la reelección. Su base electoral es de trabajadores de menores salarios, hispanos y negros. Por eso, su discurso es distinto que el de Romney. Habla de aumentar los impuestos a los más ricos, al tiempo que apoya el matrimonio entre personas del mismo sexo y el derecho al aborto. Pero este aparente programa “progresista” no puede ocultar que vino gobernando durante la crisis otorgándole billones de dólares de ayuda estatal a banqueros y transnacionales, y también el mayor presupuesto de guerra de la historia norteamericana, mientras hundió a la economía popular. Aprobó el mayor presupuesto militar de la historia de EEUU, tuvo que retirarse de Irak por la derrota yanqui, pero envió más tropas a Afganistán, que ahora están sufriendo un descalabro.

La huelga de maestros en Chicago mostró también que el “progresismo” demócrata es sólo un discurso electoral. Lo novedoso es la emergencia del movimiento obrero y popular expresada en Ocuppy Wall Street, que denunció a los bancos con la consigna “somos el 99”, contra el 1% que se beneficia de la política estatal y que, en Chicago, apoyó la huelga de maestros.

Aunque sin posibilidades de competir hoy con la enorme maquinaria bipartidista que mueve centenares de millones de dólares, se presentan candidatos de izquierda, entre ellos Stephen Durham y Christina López, por el Partido de la Libertad Socialista, a los que apoyan los compañeros del grupo Socialist Core, de la UIT-CI en Estados Unidos, denunciando a ambos partidos imperialistas: republicanos y demócratas.

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Tomado de Izquierda Socialista

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