La guerra civil en Estados Unidos

Por Mercedes Petit

Comenzaba la secesión de los estados esclavistas

El 12 de abril de 1861, hace un siglo y medio, estalló el conflicto. Duró cuatro años y fueron derrotados los esclavistas del Sur. El enorme desarrollo económico posterior se fue concentrando en los grandes monopolios industriales y financieros que encabezaron Rockefeller y Morgan e impusieron la moderna esclavitud de millones de asalariados.

En la primera mitad del siglo XIX, los Estados Unidos se iban consolidando como una nación capitalista moderna. Tuvieron los últimos conflictos bélicos con Inglaterra y Francia, y continuó la acción del Ejército para desplazar (y exterminar) a los pobladores originarios (los indios o pieles rojas). Sin mayores conflictos, convivían en el lado Este dos tipos de sociedades muy distintas. En el norte crecía la inmigración y la agricultura en pequeñas parcelas, y se iba desarrollando la manufactura. En el sur predominaban las plantaciones de tabaco y el arroz, y luego del algodón. Las plantaciones esclavizaron a negros traídos del Africa (como ocurría en la mayor parte de las colonias españolas y portuguesas). El primer lote desembarcó en 1619 y marcó el destino del sur. El algodón en el siglo XIX era más de la mitad de lo exportado. En 1860 había casi cuatro millones de negros (en un total de 30 millones). La abolición de la esclavitud iba a requerir una segunda revolución democrática burguesa.

Las aberraciones del capitalismo

En 1776, los trece estados que se habían formado hasta entonces declararon su independencia de Inglaterra. Los dos documentos fundacionales de los Estados Unidos, la Constitución Federal y la Declaración de Derechos del Hombre, son desde entonces paradigmas de la sociedad burguesa democrática moderna. Sin embargo, esa nueva sociedad, supuestamente igualitaria, incluía una aberración: la esclavitud.

Esta contradicción se explica por las distintas formas de colonización que se desarrollaron entre las regiones del norte y el sur del territorio (ver recuadro de Nahuel Moreno “Los esclavistas capitalistas”). En esos siglos se fue consolidado como clase burguesa en las plantaciones esa formación en la que, al decir de Marx citado por Moreno, “el capitalista y el terrateniente son una sola persona”.

Esa clase capitalista autóctona del sur tenía aspiraciones y gustos de vida aristocráticas, y combinaba su objetivo netamente capitalista, vender en el mercado mundial, con formas de producción esclavas, precapitalistas. Uno de los más grandes y claros exponentes de esa burguesía sureña fue George Washington, propietario de esclavos y especulador de tierras federales, el hombre más rico de su tiempo, y al mismo tiempo padre fundador de “una gran república democrática unida, donde fue proclamada la primera declaración de los derechos del hombre y fue dado el primer impulso a la revolución europea del siglo XVIII”, como la definía Marx en 1864 (Carta a Lincoln).

¿Qué cohesionaba firmemente al norte y al sur? La propiedad privada individual capitalista, que en su expresión más extrema podía incluir al ser humano. Ese fue el primer derecho elemental “natural, innato e inalienable” fundacional de la nueva nación. El tema de la esclavitud y su horrendo racismo quedó circunscripto a la decisión soberana de cada estado.*

Secesión versus abolición

En el sur prosperaban las plantaciones y el monocultivo. La elite esclavista se iba expandiendo hacia el oeste por el agotamiento de los suelos. Los blancos pobres compartían penurias con los negros esclavos. A lo largo del siglo XIX, norte y sur coexistían consensuando intereses de sus respectivas burguesías, aunque la esclavitud era un tema conflictivo. En 1808 se prohibió la inmigración de esclavos. Hecha la ley, hecha la trampa, ya que siguió el ingreso ilegal y se desarrolló la “cría de esclavos”. En 1833 se abolió la esclavitud en el Imperio Británico, y eso alentó a los abolicionistas estadounidenses. Entre el gobierno federal y los estados esclavistas se tendía a negociar y buscar consensos. Pero se gestaba un choque ineludible. En el norte predominaba la agricultura pequeña, el comercio marítimo y las pujantes industrias manufactureras, que explotaban mano de obra blanca libre (incluyendo mujeres y niños). En el sur, el monocultivo con mano de obra esclava comenzaba a quedar en desventaja. Un tema de permanente conflicto eran las tarifas protectoras de la industria. El sur debía comprar todo al norte y no le interesaba subsidiar las ganancias de sus fabricantes, banqueros y comerciantes. Tampoco se beneficiaban con la construcción de carreteras y la expansión de los ferrocarriles hacia el oeste, pagados por el gobierno federal para extender la colonización del país hacia el Pacífico. En la economía, el sur iba perdiendo terreno inexorablemente.

Su punto más fuerte era la política, que les permitió tener un peso determinante en la presidencia y en el Congreso desde la independencia. Pero en 1860 se produjo un punto de inflexión cuando ganó la presidencia Abraham Lincoln, del Partido Republicano, representante directo de los intereses económicos y políticos del norte.

En diciembre de 1860, Carolina del Sur y poco después otros diez estados esclavistas (ver el mapa), declararon que ya no formaban parte de los Estados Unidos. Formaron los Estados Confederados, con capital en Richmond (Virginia). El presidente Lincoln hizo vanos esfuerzos por asegurarles que no se interferiría en la esclavitud. Los sureños, que contaban con los generales y oficiales más destacados del Ejército, no retrocedieron. El 12 de abril de 1861 comenzó la guerra.

Lo que el viento se llevó

En un principio, Lincoln centró todo el esfuerzo militar y político en recuperar la unidad con los secesionistas, ofreciendo respetarles la esclavitud. Pero al cabo de un par de años de carnicería, el tema central de la guerra fue su abolición. Se fue imponiendo el más poderoso norte, con un costo para ambos bandos de 600.000 muertos y más de medio millón de heridos, en una población de 30 millones. El general Lee se rindió a fines de febrero de 1865 en Appomattox (Virginia).

Marx saludó la reelección de Lincoln en 1864 (ver recuadro). Lenin destacaba “la inmensa significación histórica universal, progresista y revolucionaria de la guerra civil de 1863-65 en Norteamérica” (agosto 1918).

Pero el capitalismo siguió su marcha. En enero de 1917, en plena guerra interimperialista, escribía Lenin: “En los Estados Unidos, los negros (así como los mulatos y los indios) constituyen únicamente el 11,1% de la población y deben ser considerados como nación oprimida, por cuanto la igualdad conquistada con la Guerra de Secesión de 1861-65 y respaldada por la Constitución de la República fue restringiéndose cada vez más, en muchos aspectos, en los sitios de mayor densidad de población negra (en el Sur). Ello está vinculado a la transición del capitalismo progresivo, premonopolista, de los años 1860- 1870 al capitalismo reaccionario, monopolista (imperialismo), de la época contemporánea […]”.

Hoy día, en la principal potencia imperialista del mundo, aún subsiste el racismo. Y todos los trabajadores y pobres, blancos, negros, latinos o de otros pueblos, sufren la moderna esclavitud asalariada, la de los monopolios, que luego de la guerra civil los encabezaron los Rockefeller, los Morgan y demás bandidos imperialistas.

* Estos y otros datos en: Los Estados Unidos de America. Compilado por Willi Paul Adams. Historia universal, volumen 30, Siglo XXI; La otra historia de los EE.UU., por Howard Zinn, y Nosotros, el pueblo, por Leo Huberman.


Los esclavista capitalistas

En sus trabajos de investigación histórica, Nahuel Moreno insistía en el carácter esencialmente capitalista de la colonización europea en América, con sus contradicciones particulares. En la formación de los Estados Unidos señalaba que se delimitaron claramente dos tipos de sociedad. En el noreste “fueron, o se quedaron, los europeos que querían tierras, clima y producción como las de Europa, pero que no pensaban comerciar con sus países natales, ya que éstos se abastecían por sí mismos con sus productos agrarios. […] Esa inmigración dio origen a un pequeño campesinado que se abastecía a sí mismo y que colocaba en el mercado el ligero sobrante que le quedaba. Vista desde un ángulo histórico, esta inmigración continuaba la magnífica tradición del medioevo europeo de colonizar nuevas tierras con campesinos independientes. Pero en Norteamérica hubo una diferencia que resultaría fundamental: el exceso de tierras impidió el crecimiento de una clase terrateniente feudal, aunque hubo intentos de ello.

“[…] no puede haber otra definición marxista para las colonias españolas-portuguesas y el sur de Estados Unidos que la de producción capitalista especialmente organizada para el mercado mundial con relaciones de producción precapitalistas [como la esclavitud]. En oposición a ello, el norte de Estados Unidos debemos definirlo como una región colonizada por oleadas de pequeños campesinos que no soportaron relaciones de producción precapitalistas [feudales] y que, como consecuencia de ello, se constituyeron durante siglos en un mercado interno en continuo crecimiento. El noreste de Estados Unidos heredó las ventajas del feudalismo europeo: pequeña producción agraria, sin sus tremendas desventajas: una clase de terratenientes feudales, inevitables parásitos en la futura producción burguesa.”*

 * Cuatro tesis sobre la colonización española y portuguesa en América


Marx y Lincoln

En septiembre de 1864 se fundó en Londres la Primera Internacional. Dos meses después, Abraham Lincoln ganó por segunda vez la presidencia de Estados Unidos. Carlos Marx le envió una carta en la que felicitaba al pueblo norteamericano por la reelección. Y decía: “Si el moderado lema de su primera elección fue la resistencia al poder de los esclavistas, el triunfante grito de combate de su segunda elección es: ¡muerte a la esclavitud!”*

* “Al presidente de los Estados Unidos Abraham Lincoln”, publicada el 7/1/1865 en The Beehive Newspaper.

Fuente: El SocialistaÂ