Ajuste a la cubana

Recomendamos este artículo sobre Cuba publicado el año pasado en Correspondencia Internacional nro. 29 y republicado en la página de internet Laclase.info

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Por Mercedes Petit

Repitiendo la liturgia habitual sobre la “defensa de la revolución” y el “socialismo”, el 1º de agosto el Parlamento cubano aprobó la ampliación del cuentapropismo, negociar la construcción de 16 canchas de golf y descongelar la venta de casas a extranjeros, reducir las retenciones bancarias a las multinacionales, entre otras medidas, y anunció el objetivo de suprimir más de un millón de empleos estatales. ¿Es cierto que así “actualizan el socialismo”? No. La mala noticia es que, por el contrario, estas medidas son parte de un plan de ajuste capitalista para que los trabajadores cubanos paguen la crisis.

Millones de personas en el mundo simpatizan con la revolución cubana y repudian el bloqueo yanqui. Las noticias sobre caídas en la economía, fracasos en la producción agrícola, huracanes y otras penurias para el pueblo cubano son motivo de preocupación y solidaridad para muchísimos luchadores. En este contexto, los recientes anuncios del Parlamento y Raúl Castro son parte de un debate de larga data. ¿Son medidas de emergencia, en defensa del “socialismo”, ante la crisis económica mundial y el bloqueo, como dice la dirigencia del Partido Comunista (PC) cubano? En nuestra opinión, no es así. Lamentablemente, estas medias son continuidad y consecuencia de una política de restauración del capitalismo en Cuba. Por eso se reinstaló la desigualdad social y la miseria que habían sido desterradas por la revolución socialista1. Los recientes anuncios anticipan un plan de ajuste en beneficio de las miles de empresas privadas extranjeras afincadas desde hace rato en la isla.

Una red de mentiras

En el Parlamento, Raúl Castro repitió una vez más la frase infaltable: “el socialismo es irrevocable” (Granma, 2/8). El ministro de Economía afirmó que no están copiando ni a China ni a Vietnam: “El modelo económico cubano tiene que tener una característica, la defensa de la revolución y la ratificación del socialismo”, y que “se ha descartado cualquier reforma capitalista” (Página 12, 2/8).
Estas son mentiras que vienen sosteniendo los hermanos Castro y el PC cubano desde hace casi dos décadas. Su doble discurso es bendecido sin problemas por los gobiernos de España o Brasil, e incluso por altos funcionarios norteamericanos. Veamos algunos ejemplos recientes.
El canciller español hizo gestiones junto a la cúpula de la iglesia cubana ante el gobierno, que culminaron con la liberación de presos políticos en julio. Entonces declaró que “él no le sugirió a Raúl Castro avanzar en un proceso de reformas sociales, sino que ha sido el propio presidente cubano quien ha mencionado su voluntad de seguir avanzando en un proceso de reformas económicas y sociales, y tiene las ideas muy claras al respecto” (Clarín, 9/7).

El canciller de Brasil, Celso Amorín, decía en un reportaje poco después: “Cuba es un estado en evolución, y su sistema político también irá a evolucionar para acompañar los cambios económicos que ya están en marcha según testimonian nuestras empresas que hacen inversiones en ese país.” (Clarín, 1/8).

La estadounidense Sarah Stephens, directora del Centro para la Democracia en las Américas, estaba en La Habana en julio con un grupo de legisladores y expertos yanquis, para hablar de energía y problemas ambientales. Criticando el bloqueo de su país contra Cuba, señaló que no se ve el “panorama más general”. Según ella, al liberar a los presos, y con la mediación de la Iglesia, Raúl Castro está enviando un mensaje al gobierno de EE.UU. sobre cómo va a seguir avanzando en los cambios, y que está decidido a hacer las reformas económicas (Clarín, 22/7).

La Cámara de Comercio de EE.UU. y otros grupos que vienen exigiendo el levantamiento total del bloqueo (con voceros como The New York Times y el Washington Post) redoblaron su presión. El vicepresidente Myron Brillant dijo en el Congreso: “El aislamiento no ayuda a la renovación política. El camino más rápido para mejorar la forma de vida en la isla es tener relaciones comerciales, turísticas y políticas” (La Nación, 9/7). Añadió dramáticamente: “Se nos están escapando fuentes de trabajo”, por los negocios perdidos ante empresarios canadienses y brasileños. Y con la insolencia propia del imperio, dijo: “El gobierno cubano es una reliquia” (Clarín, 11/7).

En síntesis, mientras en los discursos nunca faltan los juramentos por el socialismo (que son repetidos por los castro-chavistas de todos lados), la vida real transcurre por otros carriles. Gobiernos y empresarios discuten con naturalidad la marcha de sus relaciones comerciales e inversiones en Cuba. Y muchos empresarios y parlamentarios yanquis reclaman a Obama poder participar ampliamente en ellos. Ninguno cuestiona ni se preocupa por las declaraciones oficiales de rechazo al capitalismo y reafirmación del “socialismo”.

¿Qué trata de ocultar ante el pueblo cubano y la vanguardia luchadora y de izquierda de todo el mundo la red de mentiras montada desde el PC cubano y apuntalada por los gobiernos y empresarios con los cuales hacen negocios? Que el gobierno de Fidel y Raúl Castro, esa dictadura estalinista de partido único, hizo un giro de 180 grados desde la década de los noventa, restaurando el capitalismo que se había desterrado con el triunfo de la revolución.

El “modelo económico cubano” es, desde hace rato, un capitalismo de multinacionales, empresas mixtas y superexplotación de sus trabajadores, manejado por una burocracia corrupta, dictatorial y mentirosa. Por eso el pueblo cubano viene perdiendo sus conquistas, y han aparecido una galopante desigualdad social y los flagelos de ajuste, desempleo y salarios miserables característicos del capitalismo. Mientras las nuevas medidas anuncian despidos de empleados estatales y la ampliación del cuentapropismo, no debemos olvidar que los grandes negocios están hace rato en manos de las multinacionales y las empresas mixtas con los burócratas. Y que todos ellos mienten para esconderlo.

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