¡Que la crisis del coronavirus la paguen los capitalistas! ¡No la clase trabajadora y los pueblos!

El mundo está sufriendo una calamidad. Se expande la pandemia del coronavirus sin control. Hay centenares de miles de infectados y miles de muertos. Lo que está ocurriendo en el mundo es algo inédito. Se cierran las fronteras, millones de personas y países son puestos en cuarentena. Se pone en evidencia la crisis de los sistemas de salud bajo el capitalismo. Hay fuertes elementos de caos. El pánico y la incertidumbre crecen en millones de personas no sólo por el temor al contagio sino también porque existe una gran desconfianza en los de arriba, en los gobiernos y regímenes capitalistas. Los Trump y los Bolsonaro, por ejemplo, siguen minimizando el coronavirus.

El coronavirus puede afectar a cualquiera. Pero los que más sufren, y van a sufrir las consecuencias de la pandemia son las y los trabajadores, los sectores populares, los explotados y oprimidos del mundo. Se está sufriendo con pérdida de vidas, pero también están las consecuencias sociales sobre los pueblos. Se ha visto afectado el comercio mundial y habrá una nueva caída de la producción. Las multinacionales van a querer hacer pagar ese costo a la clase trabajadora y a los pueblos del mundo. En medio de la crisis del coronavirus los capitalistas quieren salvar sus ganancias y sus riquezas. Quieren rebajar salarios, despedir o suspender sin pago de salario. No les preocupa la salud y la seguridad de las y los trabajadores.

El sistema capitalista-imperialista no garantiza una respuesta adecuada a esta crisis humanitaria que está afectando a millones. Para los socialistas revolucionarios lo prioritario es contener la propagación del coronavirus (Covid 19) y asegurar la vida de millones. Y para ello es necesario luchar de la forma que se pueda en medio de las cuarentenas obligadas, para imponer medidas de emergencia en defensa del pueblo trabajador y los sectores populares.

La crisis sanitaria mundial es responsabilidad del capitalismo

Esta calamidad que estamos viviendo es responsabilidad del sistema capitalista-imperialista. El capitalismo es un sistema injusto, irracional y para los ricos. El caldo de cultivo del crecimiento de las enfermedades es la miseria creciente, el hacinamiento, los cambios ambientales y los sistemas de salud basados en la ganancia del capital privado.

Este colapso del capitalismo se expresa no sólo en el surgimiento de una nueva y grave enfermedad como el coronavirus, sino también en la persistencia de las epidemias de cólera, ébola, la tuberculosis, el rebrote epidémico del dengue y la reaparición del sarampión.

Las causas hay que buscarlas en las condiciones de miseria que viven miles de millones. Más de 1.300 millones de personas, se encuentran en situación de “pobreza multidimensional”, es decir que carecen del cumplimiento de necesidades como salud, educación, agua potable, electricidad, vivienda (datos del Informe de Pobreza Mundial de 2019 de la ONU). Por otro lado, 26 multimillonarios (entre ellos Bill Gates, Jeff Bezos, Warren Buffett, Mark Zuckeberg, Amancio Ortega o Carlos Slim) poseen la misma cantidad de dinero que 3.800 millones de personas más pobres del planeta. Se pide que nos lavemos las manos para contrarrestar la posibilidad de contagio, pero en el mundo 2100 millones de personas carecen de acceso a abastecimiento de agua potable seguro.

La destrucción ambiental capitalista es también un factor que favorece las nuevas enfermedades infecciosas. Hasta la misma ONU, siendo un organismo imperialista lo alertó*. El accionar de las multinacionales contribuye a envenenar las aguas por los desechos industriales y la megaminería a cielo abierto. Se transforma la selva y los bosques en desiertos y se eliminan especies vegetales y animales. Este es el abismo a donde nos lleva el capitalismo. Nunca como ahora se ratifica la disyuntiva histórica de Socialismo o Barbarie.

Con el coronavirus también se puso en evidencia, por ejemplo, la endeblez de la China capitalista. La dictadura del Partido Comunista de China (PCCH) censuró y reprimió al médico que hizo la primera alerta a fines de diciembre del 2019. Esa demora de meses facilitó el agravamiento de la epidemia en China y en el mundo.

Se pone a la luz el desastre sanitario que hay tanto en los países imperialistas como en los países semicoloniales. Los datos de Italia muestran la gravedad de la pandemia y que en 10 años los diferentes gobiernos capitalistas reventaron la salud pública vaciando en 37 mil millones de euros al presupuesto de salud. Esto se repite en todo el mundo. En todos los países el sistema de salud público estatal estaba colapsado antes de empezar la pandemia. Se ha favorecido el negocio de la salud privada. Hoy se ven las consecuencias. La prensa europea denuncia, por ejemplo, que un examen de coronavirus en el estado español, en clínicas privadas, cuesta entre 300 y 800 euros. En Estados Unidos se denunció que está en 3000 o 4000 dólares en un servicio privado. Un país que casi no tiene salud pública estatal. Obama instaló un sistema muy precario que Trump cuestionó. En los países semicoloniales esto se ve agravado.

Que la crisis del coronavirus la paguen los capitalistas

Ante la gravedad de la pandemia los gobiernos capitalistas no garantizan una respuesta adecuada para detenerla y salvar a millones. Las multinacionales (Exxon Mobil, Facebook, Amazon, Wal Mart, Cargill, Bayer-Monsanto, Microsoft, Ford, Toyota, Nike, Alibaba o Johnson y Johnson) y los grandes grupos empresariales y financieros (JP Morgan Chase, Bank ok America, Citigroup, HSBC o Goldman Sachs) quieren salvar sus ganancias por sobre la salud de las masas. Y los gobiernos capitalistas avalan esa lógica de la explotación del sistema. El que mejor expresa esa política es el jefe del imperialismo, Donald Trump, que sigue minimizando la pandemia y ha declarado que primero está la economía antes que la salud. Y sigue convocando a seguir produciendo y evitar cuarentenas o medidas que salvaguarden a millones. Lo mismo hacen gobiernos ultra reaccionarios como Jair Bolsonaro del Brasil. Boris Johnson, premier del Reino Unido, que también negaba la importancia de la pandemia, ha terminado contagiado con el virus.

Mientras tanto los Estados Unidos y la Unión Europea otorgan subsidios estatales ultra millonarios para salvar a los bancos, a las multinacionales y evitar el colapso de los estados burgueses, en vez de volcar más fondos extraordinarios para la salud, extraídos de las grandes fortunas de los supermillonarios del mundo.

Con esta misma lógica de poner por delante los intereses capitalistas a la vida y la seguridad de la clase trabajadora y de los sectores populares, se mantienen fábricas y centros de trabajo abiertos, y no sólo las que aportan materias de primera necesidad. Tampoco se fijan medidas obligatorias de seguridad para los trabajadores /as que tienen que estar en los trabajos esenciales. Es este desprecio por la vida obrera -compartido por el gobierno Conte en Italia, Sánchez-Iglesias en el estado español y demás gobiernos- es lo que ha provocado una fuerte respuesta en forma de huelgas en el norte de Italia que hizo que finalmente se obligara a detener la producción no esencial. Con objetivos similares se realizan otras huelgas parciales y protestas como los cacerolazos, los “balconazos” en el estado español, Francia, Brasil, Colombia, Chile o Argentina.

El estallido de la crisis del coronavirus, que ha paralizado la actividad económica, es el fósforo que prendió el polvorín de la ya existente crisis de estancamiento y retroceso de la economía capitalista abierta en el 2007. El coronavirus no es la causa de la crisis económica capitalista, pero contribuye a profundizarla. El FMI ya había dicho que había un estancamiento mundial, antes de que se produjera este nuevo crack de las bolsas y de los precios del petróleo. Todo indica que va a haber un antes y un después del coronavirus. Es decir, que cuando se termine lo del coronavirus va a existir una crisis social muy grave para el movimiento de masas. Las multinacionales, el imperialismo y sus gobiernos van a querer cobrarse la crisis con nuevos planes de ajuste, saqueo y explotación de las masas. La OIT ya está hablando de que se podrían perder 25 millones de empleos. La crisis del coronavirus y sus consecuencias la tienen que pagar los capitalistas, los superricos, no los pueblos del mundo.

Ya en medio de la tragedia del coronavirus las empresas han empezado a despedir trabajadoras y trabajadores o a suspender sin salarios o con rebajas. Desde ya debemos movilizarnos desde abajo, para exigir medidas que paren la pandemia y que no se sigan perdiendo vidas humanas, como medidas en defensa de la clase trabajadora y los sectores populares y pobres del mundo.

Desde la UIT-CI llamamos a luchar por un plan global de emergencia obrero y popular:

Que se vuelquen fondos urgentes para aumentar sustancialmente los presupuestos de salud para atender la emergencia sanitaria. Fondos para, entre otras medidas, ampliar y mejorar las instalaciones sanitarias, dar aumento salarial a todos los profesionales de la salud, hacer nuevas contrataciones, que se den remedios gratuitos para todos y que haya insumos sanitarios y de limpieza para todos.

Que los fondos para la emergencia sanitaria salgan de altos impuestos progresivos a los grupos empresariales, al capital financiero y que se dejen de pagar las deudas externas.

Por un sistema nacional de salud único y estatal, con consultas, tratamientos y medicamentos gratuitos pagados por el estado y administrado por los usuarios, médicos, trabajadores y profesionales del sector. Por la nacionalización de la sanidad privada, de los laboratorios de especialidades médicas y que pasen a funcionar bajo el control de las y los trabajadores y científicos de la salud y la medicina.

Formación en todos los lugares de trabajo de comités de higiene y salubridad, con poder de implementar ceses de tareas en todas aquellas actividades no esenciales o que no cuenten con las medidas de seguridad necesarias. Control de precios de los medicamentos y de todos los productos de primera necesidad para evitar la especulación.

Reorganización general de la producción en función de las necesidades de la emergencia sanitaria, bajo control obrero.

No al uso del coronavirus para medidas de militarización o para coartar libertades y el derecho a la protesta. Defensa irrestricta de las libertades democráticas.

Prohibición de despidos y suspensiones. Reparto de las horas de trabajo disponibles entre todos los trabajadores con el mismo salario. No a las rebajas salariales. Implementación de un seguro al desocupado (parado), a los cuentapropistas y a los millones que trabajan sin contratos y derechos laborales.

Para enfrentar la crisis actual del coronavirus y lo que vendrá después de la pandemia, convocamos a la más amplia unidad de acción de las organizaciones obreras, populares, de la juventud, del movimiento de mujeres, el movimiento en defensa del medio ambiente, como de la izquierda anticapitalista y socialista, para coordinar un movimiento de lucha internacional por el plan de emergencia obrero y popular en la perspectiva de la lucha a fondo por terminar con este sistema capitalista-imperialista e imponer gobiernos de la clase trabajadora y el pueblo.

Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores- Cuarta Internacional (UIT-CI)

28 de marzo de 2020

*”El medio ambiente y la salud humana están estrechamente vinculados; muchas de las nuevas enfermedades infecciosas son resultado de actividades que afectan a la diversidad biológica. Las modificaciones del paisaje (a través de la extracción y el uso de recursos naturales, por ejemplo) pueden facilitar la aparición de enfermedades en las especies silvestres, los animales domésticos, las plantas y las personas” (“Perspectivas del Medio Ambiente Mundial”, informe de 250 científicos encargado por la ONU y finalizado a comienzos del 2019.

www.uit-ci.org

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8M: for a struggle world day against austerity governments and for all our rights

Statement of the International Workers’ Unity – Fourth International (IWU-FI)

8M: for a struggle world day against austerity governments and for all our rights

A new world day of struggle finds us women workers on the streets. We are the Bolivian women in the struggle against the reactionary civic-military government of Anez-Camacho. We are the French women workers fighting against Macron’s pension reform. We are the Ecuadorian and Puerto Rican women mobilised against the austerity of the IMF and its puppet governments. We are the Argentinian women on the streets for legal abortion. We are the Brazilian ones demanding justice for Marielle Franco and against the reactionary and misogynist Bolsonaro´s goverment, and his austerity measures. We are the Mexican women mobilised against femicide and sexual violence. We are the peruvians fighting gender violence. We are the panamanian women workers claiming against the mass layoffs of the Cortizo government. We are turkish women demanding enough criminalization of feminist struggles. We are colombians fighting against the persecution and murder of social fighters. We are the Iraqis and the Lebanese fighting against hunger, government repression and the attacks of US imperialism. We are young women and indigenous people fighting for the environment, for the expulsion of mining multinationals and the destruction of our territories and communities. We are the migrants who claim that no human being is illegal and that we fight for equal rights for access to work, health and education. We are the rebellion of women and dissidents in this new wave of feminist struggle expressed with force by adding demands and confronting capitalist governments on the front line. That is why we are, above all, the Chilean working women who confront the reactionary government of Piñera on the streets every day, resisting the repression and torture that takes on a double humiliating character with the political-sexual violence which punish us with rape because we are women.

This 8 March, the international day of feminist struggle for women workers around the world for over 100 years, We need not only to vindicate the history of the women workers who were burned to death in a New York factory in 1908 amid a wage increase strike or to remember the legacy the German socialist revolutionary Clara Zetkin left us by proposing our date at the 1910 International Feminist Congress in Copenhagen and by remembering the heroic struggle of the Russian women workers who in 1917 kicked off the great Russian Revolution by demonstrating on 8 March (February on their calendar). We need to set up a great day of struggle that will achieve progress in the international organisation of the women workers with independent from the capitalist governments and that will help us conquer all our demands.

In this capitalist and patriarchal world, women are the most oppressed among the oppressed and the most exploited among the exploited. We not only are we considered second-class citizens in much of the world where we have no right to drive or vote, as in many countries in the Middle East, but in all countries of the world we still continue unrecognized working a double day . In this patriarchal world, all cleaning and domestic care tasks that are usually carried out by women as if they were part of a “natural” sexual distribution of work, are not paid and are not even recognized as work. But, in addition, this workload appears as an argument of the capitalists to pay us less for the same task (wage gap) and to relegate us to the most precarious jobs. That is why we are hired in the worst paid jobs. With the plans of adjustments of the governments and the retirement reforms, we are the first to be dismissed and we will be the most perjuiced with the scrapping of the pension funds.

That is why, in this new day of struggle, we again demand that the trade union centrals, unions and workers ‘and workers’ organizations call the feminist International Strike as an effective measure that implies the strike of the entire working class for all our rights. We need the whole working class mobilized with us against feminicides and the crimes against trans transvestites, against deaths from clandestine abortions that churches support, against the great capitalist business of trafficking in women, girls and children for sexual exploitation, against the wage gap and discrimination labor, for the free migrants movement and for access to all social rights. We are going against the adjustment plans of the capitalist governments and the imperialism that want to continue paying the fraudulent foreign debts to the IMF, because we are not going to pay the crisis.

Let´s do a great world day of internationalist, anti-capitalist, anti-patriarchal and anti-racist struggle along the way for our emancipation.

International Workers’ Unity – Fourth International (IWU-FI)

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8M: por una jornada mundial de lucha contra los gobiernos ajustadores y por el derecho a decidir

Declaración de la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores

8M: por una jornada mundial de lucha contra los gobiernos ajustadores y por el derecho a decidir

Una nueva jornada mundial de lucha nos encuentra a las mujeres trabajadoras en las calles. Somos las bolivianas en lucha contra el reaccionario golpe cívico militar de Añez-Camacho. Somos las trabajadoras francesas luchando contra la reforma previsional de Macrón. Somos las ecuatorianas y las portorriqueñas movilizadas contra el ajuste del FMI y sus gobiernos títeres. Somos las argentinas en la calle por el aborto legal. Somos las brasileras reclamando justicia por Marielle Franco y contra las medidas misóginas y ajustadoras del reaccionario gobierno de Bolsonaro. Somos las mexicanas movilizadas contra los femicidios que siguen creciendo de manera alarmante. Somos las peruanas en lucha contra la violencia de género. Somos las trabajadoras panameñas reclamando contra los despidos masivos del gobierno de Cortizo. Somos las mujeres turcas exigiendo basta de criminalización a las luchas feministas. Somos las colombianas luchando contra la persecución y el asesinato de las y los luchadores sociales. Somos las iraquíes y las libanesas en lucha contra el hambre, la represión del gobierno y los ataques del imperialismo yankee. Somos las jóvenes y las indígenas peleando por el medioambiente, por la expulsión de las multinacionales mineras y la destrucción de nuestros territorios y comunidades. Somos las migrantes que reclamamos que ningún ser humano es ilegal y que peleamos por la igualdad de derechos para el acceso al trabajo, a la salud y la educación. Somos la rebelión de las mujeres en esta nueva oleada de luchas feministas que se expresa con fuerza sumando reclamos y enfrentando en la primera línea a los gobiernos capitalistas. Por eso, somos sobre todo las mujeres trabajadoras chilenas que enfrentamos día a día al gobierno reaccionario de Piñera en las calles, resistiendo ante la represión y la tortura que adquiere un carácter doblemente vejatorio al castigarnos con la violencia político-sexual que implica violaciones y todo tipo de torturas sexuales por el hecho de ser mujeres.

Este 8 de marzo, día internacional de luchas feministas para las trabajadoras de todo el mundo desde hace más de 100 años, necesitamos no solo reivindicar la historia de las obreras que murieron quemadas en una fábrica en Nueva York en 1908 en medio de una huelga por aumento de salarios o recordar el legado que la revolucionaria socialista alemana Clara Zetkin nos dejó al proponer nuestra fecha en el congreso internacional feminista de 1910 en Copenaghe y rememorar la heroica lucha de las trabajadoras rusas que en 1917 dieron el puntapié inicial para comenzar la gran Revolución Rusa al movilizarse el 8 de marzo (febrero en su calendario). Si no que necesitamos poner en pie una gran jornada de lucha que logre avanzar en la organización internacional de las trabajadoras de manera independiente de los gobiernos capitalistas y que nos sirva para conquistar todas nuestras demandas.

En este mundo capitalista y patriarcal, las mujeres somos las más oprimidas entre los oprimidos y las más explotadas entre los explotados. Pues no solo somos consideradas ciudadanas de segunda en gran parte del mundo ya que no tenemos ni derecho a manejar o a votar, como en muchos países de Medio Oriente, sino que en todos los países del mundo aun seguimos trabajando una doble jornada no reconocida. En este mundo patriarcal, todas las tareas de limpieza y cuidado doméstico que suelen estar a cargo de las mujeres como si fuera parte de una distribución sexual “natural” de trabajo, no están remuneradas e incluso no se reconocen como trabajo. Pero, además, esta carga de trabajo aparece como argumento de los capitalistas para pagarnos menos ante igual tarea (brecha salarial) y para relegarnos a los trabajos más precarios. Por eso somos las contratadas en los trabajos peor pagos. Con los planes de ajustes de los gobiernos y las reformas jubilatorias, somos las primeras en ser despedidas y seremos las más afectadas con el desguace de los fondos previsionales.

Por eso, en esta nueva jornada de lucha volvemos a exigirles a las centrales sindicales, sindicatos y organizaciones de trabajadoras y trabajadores a que llamen al Paro Internacional feminista como una medida efectiva que implique la huelga de toda la clase obrera por todos nuestros derechos. Necesitamos al conjunto de la clase trabajadora movilizada junto a nosotras contra los feminicidios y los trans travesticidios, contra las muertes por abortos clandestinos que las iglesias se empeñan en sostener para seguir sometiéndonos, contra el gran negocio capitalista de la trata de mujeres, niñas y niños para la explotación sexual, contra la brecha salarial y la discriminación laboral, por la libre circulación de las migrantes y por el acceso a todos los derechos sociales. Vamos contra los planes de ajuste de los gobiernos capitalistas y del imperialismo que quiere seguir pagando las fraudulentas deudas externas al FMI, porque nosotras no vamos a pagar la crisis.

Construyamos una gran jornada mundial de lucha internacionalista, anticapitalista, antipatriarcal y antirracista en el camino por nuestra emancipación.

Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI)
Marzo 2020

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All support to the Dominican working people in their fight against electoral fraud

International Workers’ Unity-Fourth International

In an attack on democratic rights that shows the acceleration of the decomposition of the Dominican regime, the municipal elections scheduled for February 16th of this year were suspended a few hours after they began. A massive fraud through the manipulation of the equipment for electronic voting, which was to be implemented in the municipalities that concentrate 62% of the voters, was aborted. In at least half of the voting centers, the electronic ballots were defective because they did not show one or more of the opposing candidates. The Central Electoral Board (JCE), surrounded by complaints and protests, suspended the elections.

This fact reflects the weakness of the regime led by the PLD, which has governed in five of the last six presidential periods, the last four consecutively. The failure of President Danilo Medina’s re-election attempt and the division of the PLD after the primary elections in October last year placed them on the verge of electoral defeat, both in the municipal elections in February and in the presidential elections scheduled for May. In desperation, the government tried to perpetrate a major fraud but its internal divisions led to a new disaster.

The Dominican Republic has a long tradition of electoral fraud since the OAS-endorsed U.S. invasion in 1965. The fraudulent elections of 1966 initiated the twelve years of pro-imperialist dictatorship by Joaquin Balaguer. In the 1978 elections, the Balaguer regime was defeated, but perpetrated fraud in the election of deputies and senators to protect the outgoing dictatorship. In 1990 and 1994, once again the PRSC of Balaguer carried out scandalous frauds to win the presidential elections.

With the PLD in power, the manipulation of the elections has become systematic by buying votes and putting pressure on public employees. As in most Latin American bourgeois democracies, electoral legislation prevents the participation in elections of workers’ and popular organizations that do not have hundreds of thousands of dollars. Corruption is also rampant in the electoral institution, which in 2016 invested $40 million in the largely unsuccessful automation of voting, and again more than $20 million in 2020 that was entirely wasted.

PLD leader Temistocles Montas, who was involved in the Odebrecht corruption scandal, blamed the opposition for sabotaging the election. Applying this policy, the repressive bodies arrested one of the escorts recently assigned by the government to opposition presidential candidate Luis Abinader of the PRM, as well as a technician from the Claro telecommunications company, accusing them of conspiring to sabotage the elections. Both of them claim to have been tortured during their detention. Published telephone communications between them indicate that they knew about and questioned the manoeuvres of security agents in the service of the government to manipulate voting equipment.

The OAS, true to its anti-democratic and pro-imperialist tradition, has played a shameful role of complicity with the attempted fraud. Its observers have not published any reports on the irregularities of the electoral process. The mission, led by former Chilean President Eduardo Frei, has limited itself to calls for dialogue. In spite of this, the PRM and FP parties have insisted that the OAS audit the failed electoral process, demonstrating that together with the PLD they are guarantors of the capitalist order and that their main concern is to prevent popular indignation from being expressed in the streets. Part of the behind-the-scenes negotiation is the increase in the allocation of financial resources by the State to the parties for the prolongation of the campaign, for which there would already be an agreement.

The fraud and subsequent attempts to cover it up have increased popular repudiation. After the popular protests in East Santo Domingo and San Francisco de Macoris on the day of the failed election, self-convened protests have been held in the capital and the interior, which have grown to bring together thousands of people nationwide demanding the removal of the JCE leadership, and increasingly the departure of President Danilo Medina himself. The bosses’ opposition, led by PRM, however, responded to the JCE’s call for a meeting in which the elections were rescheduled for March 15, with manual voting only, and continues to call for a political pact with the government. Unable to confront the government, they leave the door open for a new electoral fraud.

We accompany the slogans raised by our comrades of the Socialist Workers’ Movement of the Dominican Republic:

Jail those guilty of the fraud! Out with the JCE and its accomplices from the OAS!

Clean elections open to the participation of all organizations!

For a coordination of workers’ and popular organizations that together with the left will put itself at the forefront of the struggle with its own independent program!

No to the political pact proposed by the PRM and its allies! Out with Danilo and the PLD! Let the working people govern!

February 20, 2020

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República Dominicana: El fallido fraude electoral no puede quedar impune: ¡Que renuncie Danilo!

Movimiento Socialista de los Trabajadores, sección de de República Dominicana de la UIT-CI

El intento del gobierno de realizar un masivo fraude electoral en las elecciones municipales se ha revertido para convertirse en una de las más importantes derrotas políticas sufridas por el PLD desde su ascenso al poder. El fraude masivo consistió en excluir a candidatos opositores de las boletas electrónicas. Desde tempranas horas de la mañana quedó claro que la elección estaba viciada y en centenares de centros de votación empezaron a generarse protestas por las boletas alteradas. Antes del mediodía ya la Junta Central Electoral tuvo que anunciar la suspensión de las elecciones.

Ciertamente no es el primer fraude a gran escala realizado en nuestro país, Balaguer perpetró varios fraudes y siempre se practicó el clientelismo y la coacción para distiorsionar los procesos electorales, pero esta es la primera vez que el fraude fracasa estrepitosamente y lleva al colapso de la elección. Es claramente un síntoma de la gran debilidad del régimen. El PLD viene del fracaso del intento reeleccionista de Danilo Medina y de una calamitosa división luego de la salida de Leonel Fernández. Desesperados ante la perspectiva de un voto castigo a la corrupción que los llevara a un gran fracaso electoral, se han lanzado a la aventura de un fraude masivo sin contar con un aparato burocrático cohesionado, sino por el contrario cruzado por toda clase de divisiones, disputas, en el que cunde el pánico por la inminente derrota. En ese marco era prácticamente imposible que todos se disciplinaran a una jugada tan riesgosa como la imposición de un fraude abierto y masivo. Por eso las dudas y las divisiones en el aparato estatal llevaron a que la JCE retrocediera y en relativamente poco tiempo diera marcha atrás con los planes del fraude, suspendiendo la elección.

El gobierno y la JCE intentarán esconder su intento de fraude alegando que se trató de problemas técnicos, y planteando la unificación de las elecciones municipales y presidenciales. Pero no existen precedentes en ninguno de los países en los que se han realizado elecciones electrónicas para un fracaso técnico de estas dimensiones, en el que da la casualidad de que no fueron los candidatos del PLD los afectados, solo los candidatos opositores. Además del gigantesco caudal de millones de pesos dilapidado en el sistema de votación electrónica. El fraude no puede ser ocultado, debe castigarse a los culpables.

El gobierno ha sufrido un duro golpe con este fracaso pero intentará reeditar el fraude en las elecciones presidenciales. Todos los sectores que se reclaman democráticos deben sumarse a una gran movilización para exigir la renuncia de Danilo Medina y que el gobierno interino se limite a realizar las elecciones. Las nuevas autoridades de la JCE deben ser personas probas, no ligadas al PLD ni a los partidos del sistema, con el aval de las organizaciones obreras y populares. Las nuevas elecciones deben realizarse en condiciones democráticas, sin proscripciones, que puedan participar aquellos partidos arbitrariamente proscritos como el Movimiento Patria Para Todos; también debe permitirse la postulación por iniciativa popular de dirigentes comunitarios y luchadores sociales.

La debacle de las elecciones municipales se convierten en una oportunidad extraordinaria para que el pueblo dominicano sea el protagonista en la definición de su propio futuro, pero solo si tomamos las calles para hacernos escuchar.

Desde el Movimiento Socialista de los Trabajadores nos pronunciamos en contra de votar por ninguno de los candidatos del sistema, ni los del PLD ni los de la falsa oposición burguesa del PRM, la FP, el PRSC, Alianza País o sus aliados. Sigue siendo nuestra posición la de no apoyar a ningún candidato procapitalista, entreguista o racista. Pero ante este intento de fraude consideramos que es de crucial importancia que las organizaciones de izquierda independientes llamemos a todos los trabajadores y al pueblo, más allá de las preferencias electorales que tengan, a una gran movilización nacional en contra del fraude en la que exijamos la renuncia inmediata de Danilo Medina como el principal responsable político del intento de fraude, así como de la directiva de la JCE. Debe haber juicio y castigo a los responsables del fracasado fraude, tanto sus ejecutores materiales como sus autores intelectuales.

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China: Coronavirus and Dictatorship

By Miguel Sorans, a leader of Socialist Left (IS) Argentina, and the IWU-FI

The coronavirus epidemic, which has its epicentre in China, has a major global impact because of its seriousness in terms of loss of lives. But also because of the economic consequences, it will have for the masses of the world. China is semi-paralysed. World trade will be affected and there will be a further drop in production.

The multinationals will want to make the people of the world pay that cost. Also, the crisis of the coronavirus shows the social reality of China and the dictatorship of the Chinese Communist Party (CP). The regime censored the first warnings of a doctor and accused him of “severely disturbing the social order”. Weeks later, he died infected by the virus. This delayed the response to the epidemic. Neither Chinese capitalism nor the global capitalist-imperialist system guarantees an adequate response to this humanitarian crisis that is affecting millions.

This month, it went public the coronavirus epidemic began in the city of Wuhan in December, but it was only in January that Chinese government authorities acknowledged it. The city of Wuhan has 11 million inhabitants and is the capital of Hubei Province. The largest quarantine in history is taking place there because Hubei has 56 million inhabitants.

So far, the epidemic has not been stopped and has already exceeded 1,400 deaths in China, according to the official figures of the regime. The average of 100 deaths per day on the eve of the epidemic jumped to 242 on Wednesday 12 February. As of today, the authorities speak of over 64,000 people affected. There is still no vaccine. With an epicentre in China, it has spread to Asia and some countries in Europe.

The severity of the epidemic, although in numbers it may still seem low, has already surpassed the deaths of the previous SARS epidemic (2003) in the country. It may seem simple to say that this epidemic is the fault of Chinese capitalism. But capitalism, because of the growing misery it provokes, creates the conditions for the emergence of these new epidemics and for making them worse.

The causes of the emergence and development of this disease in China, such as SARS, bird flu, and now the coronavirus, must be sought in the social crisis that has been growing in that country since the return to capitalism.

Based on data that have become known about the origin of the disease, it may have emerged in the populous public markets of Wuhan, where live animals are sold: from chickens and pigs to other birds and reptiles. They killed them there once sold. Foxes, bats and snakes, too. Some of these animals may have transmitted the virus. The Chinese government has justified these practices, which are unhealthy and prohibited in many parts of the world, as an ancestral “cultural” one. When in reality this market, which occurs there and in other parts of the world, results from the misery and inequality of the people. A tradition that comes from the miseries and famines generated by capitalist exploitation.

The emergence and worsening of this epidemic show the true face of today’s capitalist China, which imperialism and the bourgeois media have been praising as an example of the “modernity” of capitalism. Most of the world’s left and centre-left, including Chavism, Lulism and Castroism, praise it and claim it is an example of a supposed “market socialism of the 21st century”. When in reality they revealed the contradictions that capitalist China is experiencing today and its tremendous social inequalities, with some 400 million rich and upper-middle-class people, compared to over a billion workers, women and peasants who are exploited and live in overcrowded and miserable conditions.

The coronavirus epidemic also occurs in a deterioration of the Chinese health system because of the privatisations that have taken place in the restoration’s heat at the end of the 1980s and 1990s. With the 1949 revolution, the system was state-run and free. Since the capitalist restoration, “45% of the country’s urban population and 80% of the global population have no health insurance, recently admitted by Vice Minister of Health Gao Qiang” (Andres Oppenheimer, Cuentos Chinos (Tall Tales), page 61, Editorial Sudamericana. 2005).

The Chinese government and the media have wanted to show “a certain efficiency,” announcing that they installed a hospital in 10 days. But it was only a desperate improvisation seeking to counteract the deterioration of public health that people denounce clandestinely in China.

The doctor who alerted and was censured dies from the virus

The seriousness of the coronavirus epidemic is further evidenced by the repressive and censorial management of the CCP dictatorship. That is why the data on deaths and infections are highly dubious. The only source of information is the deceitful Chinese dictatorship. But more and more denunciations and protests are spreading via social networks

The highest point that triggered the growth of the Chinese people’s protests is the case of censorship and repression of the ophthalmologist Li Wenliang. In December, this 34-year-old doctor, who worked at Wuhan hospital, was the first to warn of the presence and aggressiveness of the virus and sent messages to his colleagues warning of the seriousness and dangers that were developing. December 30 was the first alert that was not taken into account. To make matters worse, days after the early warning were known, officials from the public security office (police) showed up to warn this doctor that he was “committing a serious offence. They forced him to sign a note in which they accused him of making “false comments” and of “severely disturbing social order” (Clarin, Argentina 7 February 2020). Unfortunately, the doctor had already got the virus and died in mid-January, which had a tremendous impact. Today he is being considered a national hero by the Chinese people as his struggle becomes known.

The dictatorship, by denying this warning, probably worsened the epidemic. Such was the impact of these events that the central government had to remove the leaders of the Communist Party from Hubei Province and the city of Wuhan to contain the people’s hatred.

The coronavirus and global capitalist neglect
Not only is the action of the Chinese dictatorship repugnant. This is part of the negligence of the world capitalist-imperialist system that aggravates every form of response to prevent the spread of the epidemic and losing lives in the world.

There is a dispute between the various capitalist countries, and in particular, the pharmaceutical multinationals and private laboratories, to be the first to discover a vaccine on their own and to hold a patent and profit from the sale of that product. For example, “the British pharmaceutical giant Glaxo Smith Kline (GSK) has already developed a project. The race is fast and the first one will take the biggest prize” (Clarin, Argentina, 5/02/20)

This dispute has reached such a point that the director of the World Health Organization (WHO) himself, the Ethiopian Tedros Adhanom Ghebreyesus, accused “some rich countries of withholding information about cases of coronavirus, demanding greater international solidarity to fight the epidemic in China” (idem, 5 February 2020). The WHO has estimated that a vaccine cannot appear before a year and a half.

Beyond the peak of the epidemic, and hopefully the lowest possible, there will be a worsening of the current capitalist economic crisis. Giant China is semi-paralysed. World trade will be affected and there will be a further fall in production. The multinationals will try to make the people of the world pay that cost. The people must be prepared to fight back.

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China: coronavirus y dictadura

Por Miguel Sorans, dirigente de Izquierda Socialista, de Argentina, y de la UIT-CI

La epidemia del coronavirus, que tiene su epicentro en China, es un gran impacto mundial por su gravedad en pérdidas de vida. Pero también por las consecuencias económicas que tendrá para las masas del mundo. China está semiparalizada. Se verá afectado el comercio mundial y habrá una nueva caída de la producción.

Las multinacionales van a querer hacer pagar ese costo a los pueblos del mundo. También la crisis del coronavirus muestra la realidad social de China y de la dictadura del Partico Comunista (PC) chino. El régimen censuró las primeras advertencias de un médico y lo acusó de “perturbar severamente el orden social”. Semanas después moría infectado por el virus. Esto demoró la respuesta a la epidemia. Ni el capitalismo chino ni el sistema capitalista-imperialista mundial garantizan una respuesta adecuada a esta crisis humanitaria que está afectando a millones.

En este mes se hizo público que la epidemia del coronavirus comenzó en la ciudad de Wuhan en diciembre, pero las autoridades del gobierno chino recién en enero lo reconocieron. La ciudad de Wuhan tiene 11 millones de habitantes y es la capital de la provincia de Hubei. Allí se está produciendo la cuarentena más grande de la historia, porque en Hubei son 56 millones de habitantes.

Hasta ahora la epidemia no se ha detenido y ya ha superado los 1400 muertos en China, según las cifras oficiales del régimen. El promedio de 100 muertos por día en las vísperas pegó un salto el miércoles 12 de febrero, a 242 víctimas fatales. Al día de hoy, las autoridades hablan ya de más de 64 mil afectados. Todavía no hay una vacuna. Con epicentro en China, se ha extendido a Asia y a algunos países de Europa.

La gravedad de la epidemia, aunque en números pueda parecer todavía baja, es que ya ha superado en el país a las muertes de la anterior epidemia del SARS (2003). Puede parecer una simplicidad decir que esta epidemia es culpa del capitalismo chino. Pero se trata de que el capitalismo, por la miseria creciente que desarrolla, crea las condiciones para el surgimiento de estas nuevas epidemias y para agravarlas.

Las causas del surgimiento y el desarrollo en China de este tipo de enfermedades, como fue en su momento el SARS, la gripe aviar, y ahora el coronavirus hay que buscarlas en la crisis social que se crece en ese país desde el retorno al capitalismo.

Por datos que se han ido conociendo sobre los posibles orígenes del coronavirus, se puede sospechar que ha surgido en los populosos mercados públicos de Wuhan, en donde se venden animales vivos: desde pollos y cerdos hasta otras aves y reptiles, que en muchos casos son faenados en el momento. También se comercializan zorros, murciélagos y serpientes. Se cree que algunos de estos animales pudieron haber transmitido el virus. Desde el gobierno chino han querido justificar estas prácticas, totalmente insalubres y que están prohibidas en muchas partes del mundo, como una cuestión “cultural” ancestral. Cuando en realidad este tipo de mercados, que se dan allí y en otras partes del mundo, son fruto de la miseria y la desigualdad de los pueblos. Una tradición que viene de las miserias y las hambrunas que genera la explotación capitalista.

El surgimiento y el agravamiento de esta epidemia muestran la verdadera cara de la China capitalista actual, que el imperialismo y los medios de prensa burguesa la vienen elogiando como un ejemplo de “modernidad” del capitalismo. Por su parte la mayoría de la izquierda y de la centroizquierda mundiales, entre ellos el chavismo, el lulismo o el castrismo la elogian y reivindican como un ejemplo de un supuesto “socialismo de mercado del siglo XXI”. Cuando en realidad se están desnudando las contradicciones que vive China capitalista actual y sus tremendas desigualdades sociales, con unos 400 millones de ricos y de clases media alta, frente a más de 1.000 millones de trabajadores, mujeres y campesinos que viven explotados, en condiciones de hacinamiento y de misera.

También la epidemia del coronavirus se da en el marco de un deterioro del sistema de salud chino por las privatizaciones que se han ido dando al calor de la restauración de fines de los ochenta y noventa del siglo pasado. Con la revolución de 1949 el sistema fue estatal y gratuito. Desde la restauración capitalista “un 45% de la población urbana del país y el 80% de la población global, no tiene ningún tipo de seguro médico, admitido recientemente por el Viceministro de Salud Gao Qiang” (Andrés Oppenheimer, Cuentos Chinos, página 61, Editorial Sudamericana. 2005).

El gobierno chino y los medios han querido mostrar “cierta eficacia”, difundiendo que se instaló un hospital en 10 días. Cuando solo se trató de una improvisación desesperada buscando contrarrestar el deterioro de la salud pública que, clandestinamente, se está denunciando en China.

Muere por el virus el médico que alertó y fue censurado

La gravedad de la epidemia del coronavirus se pone en evidencia, además, por el manejo represivo y de censura de la dictadura del PCCH. Por eso los datos de fallecimientos e infectados son altamente dudosos. La única fuente de información es la mentirosa dictadura china. Pero cada vez más están trascendiendo denuncias y protestas vía las redes sociales.

El punto más alto que desató el crecimiento de las protestas del pueblo chino, es el caso de censura y represión al médico oftalmólogo Li Wenliang. Ya en diciembre este médico de 34 años, que trabajaba en el hospital de Wuhan, fue el primero en advertir la presencia y agresividad del virus, y empezó a enviar mensajes a sus colegas alertando la gravedad y los peligros que se estaban desarrollando. El 30 de diciembre fue la primera alerta que no fue tomada en cuenta. Para peor, días después de empezar a conocerse la temprana advertencia, funcionarios de la oficina de seguridad pública (policías) se presentaron para advertirle a este médico que estaba “cometiendo una falta grave”. Lo obligaron a firmar una nota en donde lo acusaban de hacer “comentarios falsos” y de “perturbar severamente el orden social” (Clarín, Argentina 7/02/20). Lamentablemente el médico ya había contraído el virus y terminó falleciendo a mediado de enero, lo que provocó un tremendo impacto. Hoy está siendo considerado un héroe nacional por el pueblo chino a medida que se va conociendo su lucha.

La dictadura, al negar esta advertencia, probablemente profundizó el agravamiento de la epidemia. Tal ha sido la repercusión de estos hechos que el gobierno central tuvo que destituir a la cúpula del Partido Comunista de la provincia de Hubei y la ciudad de Wuha para tratar de contener el odio popular.

El coronavirus y la negligencia capitalista global

No solo es repudiable la actuación de la dictadura china. Esta es parte de la negligencia del sistema capitalista imperialista mundial que agrava toda forma de respuesta para que se evite la extensión de la epidemia y las pérdidas de vidas en el mundo.

Existe una disputa entre los distintos países capitalistas, y en particular de las multinacionales de productos farmacéuticos y laboratorios privados, para ser los primeros en descubrir una vacuna por su cuenta y tener una patente y lograr más ganancias con la venta de ese producto. Por ejemplo, “el gigante farmacéutico británico Glaxo Smith Kline (GSK) ya empezó a elaborar un proyecto. La carrera es veloz y el primero se llevará el premio mayor” (Clarín, Argentina, 5/02/20).

A tal punto se ha llegado en esta inescrupulosa disputa que el mismísimo director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus, acusó a “algunos países ricos de estar muy retrasados de compartir información sobre casos de coronavirus, reclamando mayor solidaridad internacional para combatir la epidemia en China” (idem, 5/02/20). Ya la OMS ha estimado que, mínimo, puede dar una vacuna recién en un año y medio.

Más allá del punto pico que llegue a alcanzar la extensión de la epidemia, y ojalá sea el menor posible, habrá un agravamiento de la actual crisis económica capitalista. La gigantesca China está semiparalizada. Se verá afectado el comercio mundial y habrá una nueva caída de la producción. Las multinacionales van a querer hacer pagar ese costo a los pueblos del mundo. Los pueblos deben preparase para seguir enfrentándolos.

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No to Trump’s “Agreement of Century” against the palestinian people!

In a joint statement from Washington, the U.S. and Israeli heads of state, Trump and Netanyahu, presented a “peace” proposal called the “Century Agreement”. Netanyahu has announced that he will immediately begin implementing aspects of the plan, clarifying that it is not a proposal for negotiation with the representatives of the Palestinian people, but a guarantee by U.S. imperialism for a new criminal offensive by the racist and fascist state of Israel.

Trump’s project surpasses in the ambition of any previous proposal by imperialism. Put forward when Trump is facing impeachment in the Senate and entering a period of electoral campaigning, while Netanyahu has been convicted of corruption and will face the third election in a year in March because the two previous elections failed to produce a parliamentary majority to form a government.

Trump proposes recognition of Zionist sovereignty over settler settlements in the West Bank, making Jerusalem the capital of the Zionist entity and annexing the Jordan River Valley. He proposes the expulsion of 300,000 Palestinians with Israeli citizenship to the pseudo-Palestinian state, while denying the right of return to 6 million Palestinian refugees, who under the agreement would no longer be considered refugees. They would also be denied the right to recover their property stolen during the colonization process or to any economic compensation. They could not return to the pseudo-Palestinian state conceived by the plan without Israeli endorsement. There is no provision for the release of Palestinian political prisoners and they impose the recognition of Israel as a “Jewish State”, so the Palestinians must accept and endorse a racist definition that makes Palestinians, Christians and Muslims with Israeli citizenship, and the Druze, second-class citizens.

In return, a pseudo-Palestinian state would be recognized, like the Bantustans of South African apartheid: with no control over its borders or its air and sea space. “Demilitarized” in the sense that Palestinians are forbidden to arm themselves to defend against Zionist attacks. This pseudo-state would be given two strips of land in the desert to compensate for extensive territorial losses in relation to the 1967 borders, as large areas in the West Bank are being cut off. Gaza would remain under siege. Support for any national and anti-racist initiatives such as the Boycott, Divestment and Sanctions (BDS) movement is considered a violation of the agreement.

This aberrant proposal is the continuation of Trump’s aggressive imperialist and racist policy on the Palestinian issue. In the last three years, the U.S. government has endorsed the illegal occupation by Zionist forces of the Syrian Golan Heights and recognized Jerusalem as the Israeli capital, announcing that it will install the U.S. embassy in that city. The U.S. closed down the Palestinian diplomatic mission in Washington and eliminated humanitarian aid and support for the UN refugee agency in Palestine. In December 2019, the U.S. signed an executive order against the BDS movement to criminalise criticism of Israel and equate it with anti-Semitism.

This deepening of the traditional US stance of unconditional support for Israel is part of the attempt to regain influence in the region after the defeats in Iraq and Afghanistan and reflects the presence in the government of Zionist extremists such as the US ambassador to Israel, David Friedman, or Trump’s son-in-law and special envoy for the region, Jared Kushner, and the strengthening of the wing of the government represented by fanatical evangelicals, who support the state of Israel-based on theological arguments about a new messiah.

Both Fatah and Hamas rejected the announcement by Trump and Netanyahu and generated great protests by the Palestinian people. Already dozens of people have been injured in two days by the action of the Zionist repressors. Netanyahu travelled to Russia seeking Putin’s support, who has maintained very good relations with Israel. Most European governments kept a complicit silence, but the British government went further in welcoming the initiative. Dictatorships in Egypt and Saudi Arabia also welcomed the proposal and called on Palestinians to sit down and negotiate.

From the International Workers’ Unity-Fourth International (IWU-FI) we repudiate this new aggression of the U.S. imperialism and Zionism against the Palestinian people. Trump’s humiliating proposal strengthens the struggle for a just solution, which is the establishment of a single secular, democratic, and non-racist state in the whole territory of Palestine. We call for international solidarity of the peoples of the world with the Palestinian people.

Down with the Trump and Netanyahu agreement! All support for the Palestinian people! We demand the breaking of diplomatic, economic, and cultural relations with the colonial state of Israel!

International Workers’ Unity – Fourth International (IWU-FI)

30 January 2020

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Palestina: ¡No al “acuerdo del siglo” de Trump contra el pueblo palestino!

Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI)

En una declaración conjunta desde Washington, los jefes de Estado de EEUU e Israel, Trump y Netanyahu, presentaron una propuesta “de paz” denominada “Acuerdo del siglo”. Netanyahu ha anunciado que comenzará de inmediato la ejecución de aspectos del plan, dejando en claro que no es una propuesta para la negociación con los representantes del pueblo palestino, sino un aval del imperialismo yanqui para una nueva ofensiva criminal del Estado racista y fascista de Israel.

El proyecto de Trump supera en ambición cualquier propuesta anterior por parte del imperialismo. Ha sido presentado en una coyuntura en la que Trump enfrenta un juicio político en el Senado y entra en un período de campaña electoral, mientras que Netanyahu ha sido condenado por corrupción y enfrentará en marzo la tercera elección en un año, debido a que las dos elecciones anteriores no arrojaron una mayoría parlamentaria que permitiera formar gobierno.

Trump propone el reconocimiento de la soberanía sionista sobre los asentamientos de colonos en Cisjordania, que Jerusalén sea la capital de la entidad sionista y la anexión del valle del río Jordán. Plantea la expulsión de 300 mil palestinos de ciudadanía israelí hacia el pseudo Estado palestino, mientras que le niega el derecho al retorno a 6 millones de refugiados palestinos, que en virtud del acuerdo dejarían de ser considerados refugiados. También se les negaría el derecho a recuperar sus propiedades robadas durante el proceso de colonización o a cualquier compensación económica. Ni siquiera podrían regresar al pseudo Estado palestino concebido por el plan, sin el aval israelí. No se contempla la liberación de los presos políticos palestinos y se impone el reconocimiento de Israel como un “Estado judío”, lo cual significa que los palestinos deben aceptar y avalar una definición racista que convierte a los palestinos cristianos y musulmanes con ciudadanía israelí, y a los drusos, en ciudadanos de segunda categoría.

A cambio, se reconocería un pseudo Estado palestino a semejanza de los bantustanes del apartheid sudafricano: sin control de sus fronteras o de su espacio aéreo y marítimo. “Desmilitarizado” en el sentido de que se prohíbe a los palestinos armarse para defenderse de los ataques sionistas. Se le cedería a ese pseudo Estado dos franjas de tierra en el desierto en compensación por las amplias pérdidas territoriales en relación con las fronteras de 1967, pues se cercenan amplios territorios en Cisjordania. Gaza se mantendría sitiada. Se considera violatorio del acuerdo el apoyo a cualquier iniciativa de reivindicación nacional y antirracista como el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS).

Esta aberrante propuesta es la continuidad de la agresiva política imperialista y racista de Trump en relación con el tema palestino. En los últimos tres años, el gobierno yanqui ha avalado la ocupación ilegal por parte de las fuerzas sionistas de los Altos del Golán sirios y reconocido a Jerusalén como capital israelí, anunciando que instalará la embajada yanqui en esa ciudad. Cerró la misión diplomática palestina en Washington y eliminó la ayuda humanitaria y el apoyo a la agencia de refugiados de la ONU en Palestina. En diciembre de 2019 firmó una orden ejecutiva contra el movimiento BDS, para criminalizar las críticas a Israel y equipararlas con antisemitismo.

Esta profundización de la tradicional postura yanqui de apoyo incondicional a Israel, es parte del intento de recuperar influencia en la región luego de las derrotas sufridas en Irak y Afganistán, y refleja la presencia en el gobierno de extremistas sionistas como el embajador de EEUU en Israel, David Friedman, o el yerno de Trump y enviado especial para la región, Jared Kushner, así como el fortalecimiento del ala del gobierno representada por evangélicos fanáticos, quienes apoyan al Estado de Israel en base a argumentos teológicos sobre el advenimiento de un nuevo mesías.

El anuncio de Trump y Netanyahu fue rechazado tanto por Fatah como Hamas y generó grandes protestas por parte del pueblo palestino. Ya hay decenas de heridos en dos días, por la acción de los represores sionistas. Netanyahu viajó a Rusia buscando el apoyo de Putin, quien ha mantenido muy buenas relaciones con Israel. La mayoría de los gobiernos europeos guardaron un silencio cómplice, pero el gobierno británico fue más allá al saludar la iniciativa. Las dictaduras de Egipto y Arabia Saudí también saludaron la propuesta y llamaron a los palestinos a sentarse a negociar

Desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI) repudiamos esta nueva agresión del imperialismo yanqui y el sionismo en contra del pueblo palestino. La humillante propuesta de Trump fortalece) la lucha por una salida verdaderamente justa, que es la del establecimiento de un solo Estado laico, democrático y no racista en todo el territorio de Palestina. Llamamos a la solidaridad internacional de los pueblos el mundo con el pueblo palestino.

¡Abajo el acuerdo de Trump y Netanyahu! ¡Todo el apoyo al pueblo palestino! ¡Exijamos la ruptura de relaciones diplomáticas, económicas y culturales con el Estado colonial de Israel!

Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI)
30 de enero 2020
www.uit-ci.org

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We repudiate the U.S. army’s bombings in Baghdad! 

We publish here a statement by the International Workers Unity-Fourth International (IWU-FI)

The assassination of the commander of Iran’s Revolutionary Guard, General Qasem Soleimani, and several Iraqi Shiite leaders at Baghdad Airport, by missiles fired from drones, which the U.S. hypocritically called “defensive measures,” is part of the ongoing U.S. military intervention in the Middle East, either directly or through its main agent in the region, Israel.

For imperialism in general and the U.S. in particular, the domination of the Middle East is key because of its immense oil wealth, which provides a substantial part of the world’s energy. It should be remembered that the U.S. invaded Iraq in 2003, under the presidency of George Bush, arguing that it had weapons that threatened the U.S. It finally had to withdraw its troops in 2011, but leaving military bases with 5,000 soldiers. Since then, the Iraqi government has been relatively dependent on Iran, and there is a permanent dispute for control of power. In recent months there has been a popular rebellion against that government, its corruption and antipopular economic policy.

Iran is, since the 1979 revolution that overthrew the pro-U.S. monarchy, a relatively independent country from imperialism, with a bourgeois Islamic leadership, from the Shiite branch, that is trying to establish itself as a regional power, permanently clashing with the U.S. and its allies Israel and Saudi Arabia. Its aspiration to develop nuclear energy was one of the points of discord and led to trade sanctions that blocked its oil sales. With Obama an agreement to limit nuclear development in exchange for eliminating sanctions was reached. To weaken Iran and strengthen his alliance with Israel, Trump broke that agreement, although the move was not supported by the European Union.

In Iran there is also a popular protest movement questioning the Islamic dictatorial regime and the economic problems being dumped on the workers.

For its part, imperialism under Donald Trump, increasingly resisted within the U.S. and with an impeachment process underway, is facing its own political crisis and all indications are that he is seeking some international “success” to strengthen a voting base in order to win the November elections this year.

The regional context of the Middle East is one of permanent war and popular rebellion in recent years. These include the people’s rebellion and the Syrian civil war (in which Iran intervened alongside Russia in direct support of the dictator Al-Assad), the civil war and genocidal intervention by Saudi Arabia with U.S. support in Yemen, while the rebels are supported by Iran, also the emergence of the Islamic state inside Iraq, which later spread to Syria, although today it is defeated.

In this explosive context, several events have taken place in the last few weeks: a missile attack on a U.S. base in Iraq, with the death of a U.S. soldier, and the attack on the U.S. embassy in Baghdad, the capital of Iraq, by a mass demonstration. These events led, according to a U.S. Pentagon statement, to the bombing of the airport: “Under the direction of the President, the U.S. military has taken decisive defensive measures to protect personnel by killing Qasem Soleimani”.

We repudiate the assassination of General Qasem Soleimani and this hypocritical statement by the ultra-reactionary Trump. No one attacked the United States. It is the U.S. that continues its partial military occupation of Iraq and claims the “right” to bomb its main airport and produce a massacre. As we speak, we have received news that a new attack by the U.S. army on Baghdad would have left several dead and wounded.

Having no agreement with or support for the policy of the Islamic Republic of Iran, or the Iraqi government, we repudiate these criminal attacks and consider them part of the imperialist military action to bring the Middle East under their total domination. We call on the workers and peoples of the world to repudiate these attacks and to fight for the immediate withdrawal of all U.S. troops from Iraq and the Middle East, as they have only brought genocide and destruction.

Remove the U.S. troops from Iraq and the Middle East! We repudiate this criminal action ordered by the right-wing Trump!

International Unity of Workers (Fourth International)

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